Lost & Found

 

“Veinticinco de enero de 2022. Entro una última vez en la casa. Un frío, compacto y húmedo, me atrapa. Todo sigue en su lugar.”

Dos años después de la pandemia, cerraba definitivamente Chasselay, la casa de mis abuelos a las afueras de Lyon. La de mis antepasados, la de mis veranos de infancia. Esa que, durante muchos años, sentí más hogar que mi propio hogar en Madrid. ¿Cómo se acaba con una vida, con varias en realidad? ¿Por dónde se empieza? ¿Existe algún orden? ¿Alguna guía?

Durante dos días, deambulé por la casa atesorando objetos inútiles con el propósito absurdo de conservar algo de ese mundo. Consciente de que todo lo demás, lo que se quedaba, desaparecería para siempre. Un par de baúles cuajados de fotos, cachivaches y olores de antaño lo atestiguan.

Cuatro años más tarde, ha llegado el momento de abrir las maletas, conjurar ese desarraigo que desde hace tiempo me acompaña y construir algo con esos objetos salvados del olvido, de la nada.  Esa nada hacia la que mi madre dirige sus pasos, sin vuelta atrás. 

Hace ya un tiempo que camina confundida y ese ver cómo se disuelve su identidad me conmueve de una forma que apenas sé poner en palabras. 

 

Este ensayo fotográfico híbrido en el que estoy trabajando es una suerte de inventario del pasado y la única forma que he encontrado de fijar la memoria, materializar los recuerdos y tratar de recuperar ese mundo que, por un tiempo, lo fue todo.

 


 

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